Frases con Historia

"Los obstáculos son esas cosas que las personas ven cuando dejan de mirar sus metas" E. Joseph Cossman

La consecución de los derechos políticos de la mujer

En la España de la década de los treinta empezaban a darse las condiciones sociopolíticas necesarias para la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres. Pero en realidad distaba mucho de lo que venía produciéndose en el contexto internacional, mientras en otros países la situación de la mujer no caminaba por renglones democráticos, España será el primer país que le conceda el voto, este caminar contra corriente se verá también dentro del país, ya que había que tener en cuenta aspectos que no ayudaban a una lucha en favor de la igualdad. Una sociedad con una clara proyección católica y el escaso interés de la izquierda en este sentido, que veía como las posiciones políticas se iban radicalizando y restaban su atención en la lucha femenina.

El feminismo español no funcionó como movimiento especifico sino que vio crecer su desarrollo en torno al conflicto de la izquierda y la derecha, pues es bien sabido, que la agenda feminista siempre pasa a un segundo plano en la agenda política, pese a dejar en desigualdad al 50% de la población. Sin embargo, debemos subrayar el importante papel que jugaron durante el periodo republicano diversas asociaciones femeninas, en los que sus principios y reivindicaciones variaban según la condición social, cultural o económica de sus asociadas, teniendo un mayor protagonismo y desarrollo en los núcleos urbanos que en las zonas rurales. Tampoco podemos hablar de movimiento revolucionario ya que no contó con el respaldo masivo de todas las mujeres españolas y tampoco gozó de un claro activismo general.

La decisión republicana de ratificar el derecho de la mujer a salir elegida como diputada en Cortes en 1931, permitió la elección de Victoria Kent del Partido Radical Socialista y Clara Campoamor del Partido Radical, siendo las primeras mujeres elegidas diputadas en la Historia de España, pero caía en una gran paradoja: mujeres que eran elegidas, pero que no podían elegir.

El mayor logro político, junto a lo anterior, fue la consecución del sufragio universal, que fue aprobado en el artículo 36 de la Constitución de 1931. Esta aprobación se consiguió tras un gran debate parlamentario. Este debate estuvo marcado por una doble consideración. En primer lugar, desde el punto de vista ideológico y ético, negar el legítimo derecho de voto a la mujer era una decisión antidemocrática y reflejaría una contradicción con los nuevos ideales instaurados en España de progreso y modernización.  En segundo lugar, desde la estrategia política, dividía al parlamento en dos grupos, por un lado, los que apoyaban que el sufragio sería el reflejado en la constitución e igualitario a los hombres, que lo defendían los socialistas y los diputados de derechas, consecuentes estos últimos, que el conservadurismo femenino del momento, serviría para echar abajo la República. Frente a este grupo se encontraban aquellos que veían en el sufragio femenino un obstáculo en la práctica política anteponiendo este aspecto por encima de las razones ideológicas, esta postura era defendida por Acción Republicana, los Radical-Socialistas y los Radicales a los que pertenecía Clara Campoamor y que acabaría abandonando en 1934 tras varios descontentos, posteriormente intento afiliarse a Izquierda Republicana  pero no se llevo a cabo y terminara exiliada tras el estallido de la Guerra Civil.

En España, la lucha por el voto femenino no fue consecuencia de un movimiento feminista consolidado sino como resultado del debate que establecieron dos mujeres: Victoria Kent y la mencionada Clara Campoamor. Para Kent, socialista, conceder el voto a las mujeres suponía un error político, ya que las mujeres españolas estaban influenciadas por la iglesia Católica y no convenientemente preparadas para ejercer su voto, debido al analfabetismo masivo al que habían sido históricamente condenadas, lo que arrastraría a la recién estrenada República a su fin. Por contra, Clara Campoamor, defendía que el único modo de desarrollar políticamente el país de manera democrática para las mujeres, era ejerciendo su derecho al voto, y la República democrática nacida de manera pacífica en abril del 31, tenía la obligación como tal, de certificar ese derecho. 

Los resultados electorales del 33 pudieron reflejar la previsión que algunos partidos habían pensado tras la introducción del sufragio femenino, con la victoria de la CEDA. Otra interpretación es, si es consecuencia directa de ello o una mala planificación de los diferentes partidos políticos que ostentaban el papel de protagonistas de un país democrático y que no supieron canalizar la importancia de las mujeres como elementos principales del futuro político del país. 

Fuese de un modo u otro, lo cierto es que el sufragio universal era una obligación y una necesidad en el contexto de la Segunda República. Un sistema plenamente democrático, que en algunos aspectos resultaba más progresista que el actual sistema heredado de la Transición. El avance fue de tal envergadura que en cuestiones sociales dejó atrás en esta materia a muchos países europeos y americanos, que tradicionalmente, se toman como referencia.




Clara Campoamor


Esta entrada se ha escrito gracias a la colaboración de Silvia Arribas Alonso, compañera y que comparte una de mis pasiones. 



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